Bruno's Town

"El cuerpo se alentá, envejece... Se va apagando hasta que solo queda una brasa que sera la que encienda el fuego nuevamente"

Diario de un asesino (Tercera parte)

Desperté poco después de las 3:00 pm, no puede ser que toda la noche, mi mente haya volado por toda la habitación, maquinando una idea, un recuerdo, una acción de la que no soy dueño. Recibí varias llamadas en el transcurso del día, unas de la oficina del comandante y otras que ni vale la pena mencionar. Me puede bañar antes de salir y seguir con mi lectura, esta vez me llego la idea de ir a un café y continuar con ella. Salí de mi departamento y tomé un taxi hasta el centro de mi ciudad. Llegué a un café que solía visitar con una que otra chica que quería seducir. Me senté en una mesa del rincón, pedí un café Irlandés y retomé mi lectura…

                                                                                 15 de Marzo 2009

De las veces que recuerdo con tanto anhelo el poder regresar a mi propio yo, a mi propio ser y mi propio sentido común, no cabe duda que esta noche, fue la última. La sangre de aquella joven escurría mis manos, pasando por mis brazos y manchando mi camisa. La chica yacía en el suelo del hotel, mi mirada quieta, vacía, pero con una tremenda calma que contraproducente al resultado, me parecía perturbadora. 

Tomé un baño después de eso. Recogí el cuerpo de la regadera y lo arrojé a la cama. Lave un poco la ducha con un poco de agua tibia y me dí un buen baño. Por mi mente pasaban millones de pensamientos, sentimientos y una sola idea, seguir con mi camino; no sabía que esperar después de lo acontecido, pero sé que este sería mi nuevo ser, mi nuevo yo.

Al salir de la ducha, tomé mi ropa y me vestí, tome mi chaqueta que colgué en el perchero de la habitación y decidí husmear en la bolsa de la chica. Al abrir su bolsa, visualicé su billetera, encontrando algunos billetes que tal vez me servirían para comprar algo de almorzar (y vaya que tenía hambre)  algunos cosméticos y su identificación; Clarisa Ortiga Dela Cruz, 23 años, residía en Santa Fe. Por un momento me pareció que sentiría remordimiento al ver sus cosas privadas, pero lo único que hice fue tomar sus billetes, su identificación y las llaves de su casa. Me largué del lugar. 

Al salir del hotel, logre que nadie me viera y de inmediato tomé un taxi y me dirigí a la dirección de la pelirroja. No sé en que estaba pensando en ese momento. No estaba muy cerca de su dirección pero vaya que con los billetes que tomé de su bolsa, me alcanzó para pagar el taxi. Al llegar a su edificio, logré sentir un fuerte escalofrío, pero no lograba detenerme e irme de ahí. Subí las escaleras hasta llegar a su departamento, tomé las llaves introduciendo lentamente hasta lograr abrir la puerta. Al abrirla, un pequeño perro de raza chihuahueño empezó a ladrar, sólo lo arrojé con mi pie y dejó de molestar. Me acerqué a la mesa de centro en la cual esperaba una carta de un muchacho con el nombre de Emilio. Al parecer estaba muy ansioso de esperar su llegada a casa (creo que eso jamás pasará) Decidí leerla, cuando de pronto, alguien abrió la puerta; era un muchacho, supongo que Emilio. Me vio con sorpresa y de inmediato pregunto por mi identidad, me levanté casi corriendo y me detuvo con una envestida que vaya que dolió. Al pararme tuve que regalarle el mismo destino que su novia, con sed de una vida más (empieza el juego). Devolví la envestida tumbando a ese malnacido al piso y sólo me quedo golpear y golpear hasta que no quedara nada que golpear. De nuevo en mi mente escuchaba voces que me exigían otra vida, pero esta vez con más intensidad que antes. Las gotas de sangre rodearon el lugar tiñendo las paredes de rojo. Al pararme de encima del cuerpo de Emilio, no pude evitar dar un grito que hizo que los vecinos salieran a ver el alboroto. Las señoras gritando muy asustadas llamaron a la policía y mientras tanto escapé del edificio con una sonrisa que ni el mismísimo diablo pudiera tener… fin del juego.


Heme aquí, siendo victima de una lectura que podría ser crucial en el acertijo de una serie de asesinatos. Tengo que terminar de leer todo el diario para poder zafarme de esto que ya se está volviendo parte de mí. 

 

Juan Bruno Barradas Mejía

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Diario de un asesino. (Segunda parte)

Las palabras impresas en aquel diario, me emocionaban a tal grado que se volvió un frenesí del que no podía salir, las palabras, los actos en cada momento me envolvían. Necesitaba saber más. Esto fue algo de lo que pude leer una y otra vez.

                                                                      14 de Marzo 2009

         No recuerdo muy bien cómo paso la primera vez que perdí mi pedazo de alma tras acabar con la vida de aquella joven, supongo que diría muy cínicamente que fue una noche lluviosa. El sentimiento de odio en mi corazón de aquel día, estrujaba mi corazón y en mi mente las imágenes de sangre me provocaban un fuerte dolor de cabeza, fue un sentimiento nuevo, jamás había deseado la vida de una persona en mi existencia. 

Ese día salí de mi departamento; pasé a la licorería por un poco de Whisky y unos cigarrillos, decidí pasearme por los antros de la ciudad toda la noche y el ajetreo de las masas esa noche, sólo hacía más intenso ese sentir. Llegué a un bar llamado LA KAFEÍNA, donde de día era un lugar en el cual servían café y alguno que otro pastel, por las noches un lugar donde había música en vivo con distintas bandas independientes. Entré al lugar y visualicé la barra, ya había terminado con mi botella de Whisky y necesitaba más alcohol; pedí un poco de Ginebra en las rocas, la música estaba a todo lo que daba, las masas bailando y riendo cual típica escena de vicios y lujuria, decidí pararme a bailar con cualquier mujer del lugar, y allí estaba, una chica de cabello rojo, piel extremadamente blanca, ojos color miel, ligeramente alta y con dos pies izquierdos. La tome de la mano y me percaté de su estado de ebriedad, aproveche ese estado y baile con ella hasta poder envolverla en mis brazos y darle un beso, un beso que lleno de desesperación, hacía una invitación al sexo. Tras unos cuantos minutos la saqué del lugar y la lleve a un hotel que se encontraba cerca del lugar, la chica no paraba de hablar de su novio, el cual la había engañado con una chica de su universidad. Era insoportable, pero daba inca pie a mis deseos más oscuros. Al llegar al hotel, empezó el juego. Me llevo a rastras a la ducha de la habitación quitándome la ropa y estando en la ducha, miraba su cuerpo lleno de pecas pero perfecto. Tocándome, besándome y estimulando su sexo, me dio la espalda, mis deseos estaban a 1000 por hora, tome sus manos con mi mano derecha, mientras con la izquierda tome con fuerza su rojiza cabellera y azoté su frente contra la pared, una y otra vez, hasta que el agua se torno del color de su cabello. La chica cayó cual trapo viejo, sin vida, sin aliento, sin latidos y fue allí mis ansias de llevarme la vida de una persona y las voces en mi mente, cesaron… Fin del juego.

CONTINUARA…

 


Me quedé asombrado, por la maravilla que tenía en mis manos, aún no sé si sea ético conservarlo en mis manos. 

 

Juan Bruno Barradas Mejía.

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Diario de un asesino. (Primera parte)

Había tenido algunos casos de asesinatos, algunos trágicos, muchos de ellos eran pasionales. A lo largo de mi carrera como médico forense, nunca me había tocado ir a la escena de un crimen a tomar muestras de los cuerpos y balística. Era una mañana de diciembre, recuerdo que el clima era húmedo, el aliento en mi boca, aún despedía un aroma a café con leche. Llegamos a un bar cerca del centro de la ciudad; me sentía con un poco de resaca, tras una noche en mi departamento y una buena botella de Ginebra. Se podía ver una masa de personas curiosas, queriendo saber que es lo que había pasado en el lugar; siempre he imaginado que ese montón de personas, son paleros queriendo dar un poco más de espectáculo a las tragedias ajenas.

Pude pasar a la escena del crimen después de sentirme como famoso acosado por paparazzis; el olor de aquél lugar no me favorecía, era un poco irónico, ya que mi carrera como forense me obsequiaba millones de olores, para coleccionar, pero el de aquella ocasión, me regalo cierta remembranza. Las pistas y un largo camino de sangre, nos llevo hasta los baños para mujeres de aquel Bar de la ciudad. Pude ver el cuerpo de una chica, una chica de piel apiñonada, su cabello color castaño, aún guardaba ese entretejido de una trenza con uno tonos rojo sangre otorgados por un cruel homicidio. Entre el alboroto del lugar y tanto desorden en sanitario, decidí buscar pistas cerca de los mingitorios, al voltear mi vista hacia un cesto de papel higiénico, pude encontrar un pequeño libro, más bien como un cuaderno; lo abrí y pude ver palabras impresas a puño y letra. Aquel cuadernillo, sembró en mí intriga, decidí guardarlo en mi bolsillo para después hojearlo en paz, en la sala de mi departamento.

Llegada la noche y después de un día de interrogaciones y malas caras de gente aún ebria, llegué a mi hogar, donde las ansias y la intriga estaban a flor de piel. Esto era muy interesante, así que no podía faltar un buen trago de licor y un tabaco. Abrí el cuadernillo y pude ver que en realidad era un diario. Empecé a leer una parte en especial, que me fue de mucha utilidad para el caso del asesinato de esta madrugada. Ahora sé que su nombre es …

 

Juan Bruno Barradas Mejía.

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Bruno Barradas

Se aproxima una parvada de cuervos que te sacarán los ojos, pero te harán un favor, lograrás ver más allá de lo que la vista humana puede apreciar. Podrás ver el alma de quienes te rodean. 

Crónica X

Hay personas dentro de mi, hay razas que sobrepasan la inmensidad de mi ser, las siento dentro de mi piel, las oigo gritar millones de palabras que se escapan de mi y las tengo que manifestar en lo que soy, en mi locura y mi cordura, en mi alegría y mi tristeza, en cada hora que transcurre y convivo con mucha gente, al pasar las semanas y veo caminar a más de 10,000 personas, sé que estoy lleno de muchas culturas, que mi mente quiere explotar. Estoy seguro de cuan extraordinario es el ser humano, no estoy seguro de que puede llegar a hacer por el poder, sólo sé que con cada mirada de cada persona, una entre ese porcentaje de caminantes al día, hay un alma que me brinda el confort que ni 9,999 personas hicieron en una semana. He podido ver como llora un latino, he podido ver como ríe un asiático sin poder hacer a un lado la seriedad de un afroamericano y en distintas ocasiones he podido ver la desesperación de la gente racista y sé que todos esos sentimientos los he llegado a tener, las mismas expresiones y la gesticulación de sus rostros, sé que somos iguales, sé que tenemos sangre corriendo por dentro de nuestros cuerpos y sé que sangramos igual, sé que si te golpeo el corazón, lloras.  

No estoy orgulloso de ser latino, ni a la vez de ser afroamericano, ni caucásico, asiático… estoy orgulloso de poder gritar a las 1800 razas que soy un ser humano, completo y sin armas. Me muestro ante ustedes como el asesino de la guerra. 

By: Juan Bruno Barradas Mejía.

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(Fuente: brunobarradastown)

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