Diario de un Asesino (Novena Parte)

Tras un par de meses de intensa indagación y buscar en archivos del Registro Civil, pude hallar a una chica con el nombre Carolina Belmont, cuya dirección, concuerda con la biblioteca más cercana a su dirección. Es un poco retirado de aquí, pero en automóvil, llegaré en menos de 2 horas. He de aceptar que no estoy muy seguro de que sea ella, pero por ahora es lo más que puedo hacer, no tengo pistas, ni rastro alguno de balística. No me confiaré, pero de estar en lo correcto, no actuaré con impulso, llamaré a las autoridades, pero, al menos, la emoción de poder hallar a mi asesino y poder capturarlo, me llena de adrenalina, pero, por el momento, debo saber si esta Carolina, es la chica que busco. Mi cuartada será fácil; llegaré a la biblioteca, la ubicaré (no será difícil, ya que tengo su expediente con fotografía), hablaré con ella y trataré de invitarle un café. Debo ser cauteloso, aún no sé si este asesino la siga frecuentando o acosando, no quiero caer víctima de un personaje por el que estoy sintiendo Estocolmo.

He llegado, no ha sido difícil hallar la biblioteca, he de aceptar que es un hermoso templo de letras; libreros de 3 metros, tallados a mano a mi parecer, con un fino arte de ebanistería, con un color muy natural pero al mismo tiempo con un fino barniz mate, el piso reluce de lo pulido que está, con una gran sección de asesinos seriales, (he de regresar a esa sección cuando esto acabe), siempre me ha encantado los edificios con una luz tenue que permita el libre pensar y el análisis de tus objetivos, es lo que este lugar me permite, y ahora que estoy a 5 pasos de resolver este caso, me siento pleno.

¡Un momento! Creo que visualicé a Carolina, me acercaré preguntando por un libro, siempre me ha llamado la atención la obra literaria de Edgar Allan Poe “El Misterio De Marie Rogêt” Recuerdo haberlo leído una 5 o 6 veces antes de iniciar mi carrera como forense, en realidad no tiene nada que ver con esto, pero me gusta mencionarlo. Llegué con la chica y al ver sus ojos y al escuchar su voz al ofrecerme ayuda, ¡no sé! Creo que me hace sentir esa confianza de saber que es ella, siento en su mirada que lo que veo en ella en estos momentos, es lo que leo sobre ella en la libreta que llevo conmigo. ¡Bien!, al parecer si tienen ese libro, haré que me lleve hasta él y después de una breve charla, la invitaré a salir.

Al platicar con ella, noto cierta melancolía en su voz, como si alguien muy valioso para ella, se hubiese ibo, o tal vez es lo que quiero notar, aunque no esté allí. Pero de pronto, se tiene que ir, no puedo detenerla y dejo que se vaya. Lo mejor es que yo haga lo mismo. Puedo prescindir que la tendré que volver a ver, pero la próxima vez, seré más cauteloso.

Ya es tarde y me siento cansado para manejar hasta la ciudad, rentaré una habitación y trabajaré un poco más en esta investigación (leeré el diario)

Hay algunas cosas escritas por el asesino, que realmente se tornan aburridas, así que pasaré a lo entretenido.

                                                                        7 de Julio 2009

Creo que he cometido demasiados errores, uno de los que más me duelen, es empezar a sentir cosas del corazón, por una chica que temo tengo que matar en algún momento. Mis ganas de matar, se disminuyen al estar con ella, mi trabajo en la biblioteca, ha finalizado, pero sigo yendo sólo para sentir paz al ver sus ojos. Temo que tengo que largarme justo hoy, para evitar cambiar mi naturaleza.

Y sólo eso en esa fecha. Veamos más adelante, creo que por lo que escribió el día 7 de Julio, ya no anda por estos rumbos.

                                                                     24 de Agosto 2009

Ahora que estoy lejos de Carolina, mis impulsos son más agresivos, como si estuviera enojado todo el tiempo, lo cual, no pasaba con anterioridad, sólo cuando mis víctimas se ponían un tanto a la defensiva, pero, esta vez es diferente, como si no lo disfrutara. Acabo de matar a una pareja oriental, pasé a comer un poco a un local de comida China, siempre me ha gustado la comida china, en especial el arroz frito. Esta vez me molestó tanto la forma en la que hablan, ¿para qué demonios vienen a un país, si no saben hablar el maldito idioma local? Esa manera de hablar rápido, de forma desesperante y como si entendieras su idioma, esos ojos pequeños y fu cuerpo delgado, me hizo sentir tan furioso. Tome un cambro con pollo agridulce que tenían en su mostrador, aún estaba caliente, lo derramé sobre su rostro, mientras su esposa china buscaba una pañoleta para limpiar su rostro, bajé la cortina del local, para evitar que me vieran. Tome el cambro y golpeé a la china en su cabeza, lo cual hizo que se desvaneciera en el suelo. El rostro del asiático lucía con un terror, que hizo que mi enfado fuera a los límites, me sentía desgastado, que sólo quise salir de ahí, pero no puedo dejarlos vivos – pensé – Los até a una mesa, acostados y mirándose uno al otro, de frente. Hice algo que siempre me ha dado calidez, les prendí fuego, con un poco de gasolina que obtuve de la motocicleta que a mi parecer, utilizaban para pedidos a domicilio, pude hacerle unos agujeros para que saliera la gasolina. La boté debajo de la mesa donde los tenía atados y sólo lancé un fósforo y miré por un segundo como empezaban a calcinarse y después me fui de lugar. Esos gritos de dolor, jamás lo había experimentado. Fue glorioso.

¡Bingo! Al parecer has dejado un cabo suelto. Recuerdo hace 6 meses ese incendio en el local de comida china, en una plaza comercial y justo está cerca de la ciudad. Ahora estoy a punto de exclamar risa de gloria. 

Juan Bruno Barradas Mejía. 

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  • hace 1 mes

Volando con Hadas.

Encontré un hada, escondida entre la oscuridad, sumisa, penosa, con miedos que jamás había contemplado en otra criatura. Pude extender mi dedo, para sujetar su pequeña mano con él y poder sacarla de ese lugar, pero, aún no estada preparada para tomar por completo mi mano. Por fin pudo salir. Le mostré mi mundo, ya que había estado escondida en la oscuridad por mucho tiempo y no confiaba en nadie. Le di calor humano, le di cariño y poco a poco, aquella pequeña y hermosa hada, fue confiando en mí. Día tras día, me fui enamorando más de ella y aunque sabía que aún su pequeño amor, no era mío del todo, supe que mi trabajo era enamorarla. Un día, sin esperar algo, se molestó conmigo, fueron palabras que sin querer, lastimaron su corazón, fue cuando me di cuenta, que ya no sentía lo mismo que antes y por fin, pudo extender sus alas y mostrarlas ante mí, unas alas muy hermosas que nunca aprecié en otra criatura. Una cálida noche de primavera, al dormir por primera vez a su lado, ya tomaba por completo mi mano y al despertar, pude darme cuenta que de mi espalda, salían don alas, dos alas que me ayudaron a volar con la pequeña hada, a un lugar que yo pude nombrar Hogar, un Hogar que sólo ella me había hecho encontrar y que en muchas ocasiones, en mi búsqueda por encontrar ese hogar, no fueron las adecuadas. Al volar a su lado, ya todo era claro, entendí que ya no quiero volar nunca más solo.

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